Fulles de te i monedes

A Kenya la moneda que es fa servir és el Kenyan shilling (KES als mercats financers, Ksh l’abreviatura local). A l’estiu del 2007, el canvi era entre 65Ksh (si es compraven xílings) i els 85Ksh (si es compraven euros) per euro. Ara ho podeu mirar aquí, per exemple.

A les plantacions, es paga en funció del quilo de fulles de te recollides. Es paguen pocs xílings per quilo: aproximadament un euro al dia. En temporada alta de la planta, es poden arribar a recollir 50 quilos (treballant de sol a sol); en temporada baixa, potser 5 o 10. Cal pensar que fan falta moltes fulles i molts minuts per fer un quilo. Aquesta és una de les raons per les quals els homes no resisteixen a les plantacions: una feina tediosa, cansada i mal pagada.

Una visita al metge (sense medicació ni proves) pot costar 100Ksh. Un matatu fins a l’hospital pot costar 25 Ksh. Dur un nen al metge, per tant, suposa de segur més que el sou d’un dia. I el sou del dia serveix per comprar el menjar, no per pagar hipoteques.

No és d’estranyar, doncs, que entre menjar o anar al metge sovint optin per menjar…

Anuncis

Algo más sobre las mujeres de Gatina y Maramba

NOTA: Aquest post és de la superjelenn, però l’atribució es va perdre en la migració de blogspot a wordpress…

Que la mujer es la espina dorsal del continente africano es algo que todo aquél que ha puesto un pie en el África negra o ha leído cuatro líneas sobre este continente indómito tiene claro. Pero de ahí, a verlo, a sentirlo, vivirlo, hay un paso.

Las mujeres de Gatina y Maramba se desloman una media de doce horas al día recogiendo té, agachadas, medio agazapadas entre el verde intenso de sus arbustos. Y todo ello, por un euro y medio al día. Y como es lógico, además son madres y amas de casa, que cuidan de sus hijos, de su casa – su humilde choza en muchos casos, pero al fin y al cabo, su hogar-, que van a recoger agua y al mercado, que cocinan, y hacen equilibrios para alimentar a una prole numerosa que en multitud de casos no sólo incluye a los hijos, sino a sobrinos y a otros parientes lejanos.

Y todo esto, en muchos casos lo hacen solas. Nos extraña. No hay hombres. No vemos hombres, ni en las áreas de plantaciones que rodean a Limuru ni en los poblados. Descubrimos que la mayoría se han ido. “La recolección del té es una tarea laboriosa”-nos dicen desde la gente de Kimlea hasta el propio capataz de Gatina,-“y los hombres raramente aguantan, no tienen paciencia”-. “Simplemente se han ido” –nos repiten-, “a Nairobi, a Tigoni…”, donde sea, a buscarse la vida. Y la cruda realidad es que la mayoría ya no volverán. Y de los que vuelvan, es posible que alguno traiga el sida en la mochila y aproveche la estancia en casa para propinar algún palo a su mujer y a sus hijos. Es cruel, es duro, pero es cierto.

Mujeres recogiendo té en los alrededores de Gatina. Foto (c) de la superjelen

Es difícil expresar lo que uno siente enfrente de estas valientes mujeres que, fuertes y luchadoras, soportan todo tipo de calamidades y encima sacan fuerzas para sonreír al mzungu, para bromear entre ellas, para volver a empezar mañana.

Decía Ryszard Kapuscinski en su obra Ébano que si África se sostiene, es gracias a las mujeres. Y no ha duda. Consciente de ello, Kimlea Girls’ Technical Training Centree, en su objetivo de elevar las condiciones de vida de la zona, y en particular de las mujeres y los niños, se esfuerza en dotar a sus alumnas, todas ellas, niñas de las plantaciones, de las habilidades necesarias que les permitan optar a un futuro distinto.

En Kimlea aprenden desde inglés, costura, cocina, labores domésticas, contabilidad e informática básicas a cómo montar y dirigir un pequeño negocio. Además, dentro del Outreach programm, los sábados se imparten clases para las madres y todas aquellas mujeres que no pueden acudir a diario. Aún recuerdo el orgullo con el que Mary, una de las niñas de Gatina y alumna del centro, me enseñaba sus labores de punto y me contaba que su sueño era el de, al acabar el curso, comprar un pequeño hornillo para cocinar pasteles y tartas. “Así podré ayudar a mi madre con los pequeños” -me decía-.

Se trata de darles una alternativa, en definitiva, de romper el círculo de la pobreza.